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Brota de mi puño
El grito de desesperanza.
Día a día, noche a noche,
Veo y vivo mi lenta muerte.
Cansado e impotente ya, de ver abrirse el telón del mismo drama,
La maldita función, una vez y otra y otra más.
Siendo actor y director,
Victima y victimario.
Por ese caminito que lleva al fin voy, a paso firme,
Y en algún descanso llega esa pregunta:
¿Qué llevare en ese último viaje?
¿Solo el peso de mis miserias?
Nada he aprendido,
Ni siquiera a sufrir,
Ningún merito tengo,
Solo crédito en el infierno,
Que pronto arderá.
Pero algo en mi clama y ruega,
A eso mayor que yo, que todo lo es,
Un sendero, que pueda sostener a este,
El más desconocido, el más odiado, el más querido.
Soy el poeta caótico,
Que más que escribir, grita,
Grita y canta,
La utopía de su existir,
Desde las más altas cumbres,
Y las más profundas sombras.
Brota este canto,
Hijo de contrastes y transgresiones.
Soy el poeta enloquecido y egoísta,
Al que nada importa la belleza de su canto,
Ese misterio que se transforma en letras.
Soy el poeta adormecido,
con los opios de ayer y de hoy,
Míos y de la humanidad entera,
y en este delirio,
entiendo que todo canto existe,
para escuchado ser.
Amen.
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