Al romper el alba
Lo pronuncié en mi interior
y calló mi mente.
Letra del mundo angelical
que se concentra en un núcleo reservado
en que sólo con la muerte se permanece.
Lo inaccesible
de la ciudad iluminada
en un viaje nocturno.
El círculo no se cierra.
Guarda el punto infinito en su vientre,
Ojo del manantial de donde proceden
las letras, los sonidos y todo lo creado.
Gestándose en silencio
antes de nombrar las cosas.
Crece en espiral la criatura
abre su pecho el hálito divino
y abarca el universo.
Y de esa ola en movimiento
surge la plenitud del ser humano,
que se expande y escapa del límite.
Fluye en su cauce desde su iniciación
hasta caer en una profundidad oceánica.
En el mar de las tinieblas
se impregna del atributo.
Adam desciende, ciego de resplandor
arrebatado como un signo desde la dimensión celeste.
Espacio sin trazo.
Volver con humildad;
despojado de favores y certezas,
sin la coraza curtida por diez mil batallas.
Sufro desnuda la metamorfosis
en mi recóndito yo.
Me enraiza a mi cruda esencia
para forjar, a partir de la naturaleza primordial,
una nueva piel... o frágiles alas de mariposa.
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